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Buenos días, cariño
30 abr

Buenos días, cariño

Amo las mañanas, la forma en que el cielo se ilumina, el olor a café recién colado, la ciudad despertándose rápidamente y el deseo súbito que explota en mi vientre, exigiéndome un orgasmo demoledor. Para mi chico fue difícil ajustarse a mis necesidades sexuales en un principio, ya que él es de esos que prefieren las noches para hacer todas sus actividades y, por lo tanto, es un enemigo natural de la mañana. La luz brillante le hace maldecir por lo bajo y el ruido de las calles lo irrita de sobremanera, hasta un día me propuse a iniciar un tratamiento que revertiría para siempre el odio de mi chico por la mañana.

Esa mañana me desperté antes de lo habitual, había tenido un sueño bastante caliente y estaba ansiosa por sentirlo llenarme profundamente. Con un suave empujón recibí un gruñido y una queja, antes de continuar profundamente dormido, irritada me senté en la cama y se quite la sabana, para luego sacarle el calzoncillo con el cual dormía, pero ni siquiera así pudo despertarse.

Estaba totalmente decidida a montar a mi hombre en ese instante y demostrarle que valía la pena estar despierto por la mañana para mí. Así que me desnudé y me solté el cabello antes de inclinarme sobre sus caderas y comenzar a besar su sexo dormido, que olía a hombre y a limpio y me hacía sentir más caliente.

Su pene reaccionó rápidamente a mis labios e inmediatamente me lo llevé a la boca, lamiéndolo, chupándolo y llevándolo al fondo de mi garganta, haciendo que gimiera entre dormido aún. Toda la situación me parecía caliente por alguna razón, casi pensé que sería romántico despertarlo con su sexo en el mío. La idea me hizo hundir mis dedos sobre mi clítoris y comenzar a trabajarlo a círculos, empapando mis labios y acercándome un poco más al orgasmo.

Con una succión ruidosa y profunda, lo sentí despertarse de pronto, pero antes de que pudiera reaccionar me subía a sus caderas y lo hundí profundamente en mi vagina chorreante, el gimió con mucha fuerza y corcoveó sus caderas, mirándome con una expresión entre sorprendida y excitada que empeoró mi estado de excitación.

Abrí mis muslos ampliamente y me incliné hacía atrás, sosteniéndome de mis brazos para mantenerme trabajando de arriba abajo su polla rígida dentro de mi sexo caliente. Él parecía no poder reaccionar, solamente gemía y empujaba sus caderas contra mí, encontrándome a medio camino y haciendo más profundo los embiste. Me corrí alrededor de su polla rápidamente y luego de relajarme, continué moviéndome frenéticamente.

—Joder —alcanzó a gemir por lo bajo con el rostro totalmente lleno de placer.

—Eso te estoy haciendo —respondí llevando una mano a mi clítoris y masajeándolo mientras seguía montándolo.

El segundo orgasmo me llegó con más fuerza que el anterior, coincidiendo con la corrida de él y haciendo de alguna forma toda la experiencia aún más intensa. Nos quedamos jadeando aun unidos antes de que recuperara el aliento para hablar.

—Buenos días, cariño —dije dándole un beso y dirigiéndome al baño.

 

Fin

0 Comments 30 abril, 2020

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