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Clases particulares de anatomía femenina
31 may

Clases particulares de anatomía femenina

Alejandra había sido profesora de biología por más de 10 años, en su clase habían pasado alumnos de todo tipo, desde los que se sentaban en primera fila entusiasmados por aprender, hasta los que nunca asistían. Carlos Ponce era de ese último grupo, le dio clases hace unos 8 años, pero nunca olvidaría que asistió sólo lo justo para aprobar la clase, tenía mucho potencial, pero por alguna razón nunca le habló demasiado, por eso cuando años después lo consiguió trabajando en un taller mecánico donde había llevado el auto a reparar, supo que era hora de enseñarle un poco de biología.

—¿Sigue dando clases en la misma preparatoria, señorita Alejandra? —preguntó Carlos luego de saludarla con cariño.

—Sí, ya son 10 años —contestó Alejandra antes de agregar algo más— pero nunca me olvidé de mi buen alumno. Has crecido para convertirte en un hombre muy apuesto.

—Muchas gracias, señorita. Usted sigue igual de hermosa a como la recuerdo —contestó Carlos mirándola con interés de los pies a la cabeza.

Quedaron en verse esa misma noche para recordar los viejos tiempos y beber un par de birras. Pero esa noche cuando se encontraron en el bar cerca de la casa de Alejandra, los planes se pusieron un poco más calientes.

—Recuerdo que faltaste a clases de anatomía humana—dijo Alejandra en cierto punto, sintiendo que las bebidas le habían quitado un poco de su inhibición habitual.

—Creo que son lecciones muy vitales —dijo Carlos sonriendo con hambre.

Sin una palabra más, ambos salieron al apartamento de la profesora, besándose y tocándose de forma inapropiada durante el camino. Cuando la puerta se cerró a sus espaldas, Alejandra se sacó la camisa.

—Esos son senos, sirven para amantar —comentó ella ofreciéndole un pezón erizado a la boca de Carlos.

Él comenzó a chupar aquellos pechos con la satisfacción propia de estar cumpliendo una fantasía adolescente. Lo siguiente en caer al suelo fue la falda de la buena profesora, dejándola solamente en bragas.

—Este es el genital femenino, es centro del placer y de la concepción. Puedes follarlo o comerlo, pero nunca te olvides del clítoris —agregó ella moviéndose a la cama y acostándose boca arriba.

Carlos tomó la braga de un lateral y las rasgo, excitándose aún más con la forma en que Alejandra se retorcía y gemía debajo de él, totalmente fuera de control. Se bajó los pantalones y el bóxer lo suficiente para dejar libre la polla, un condón cubrió su enorme erección antes de darle un beso a su antigua profesora.

Entrar en el sexo de Alejandra fue una experiencia húmeda y caliente que le hizo sentir escalofríos. Empujó dentro y afuera, como si intentara romperla con cada embestida y Alejandra se apretó más a los hombros de su viejo alumno, marcándolo con las uñas y gritando junto a su oído. Se corrieron juntos, sorprendiéndose de la conexión tan extraña que habia entre ellos y cuando Alejandra prendió un cigarrillo aprovechó la oportunidad de preguntar:

—Carlos, ¿por qué nunca ibas a mis clases? —él la miró con sorpresa antes de responder.

—Era incomodo estar con una erección durante 2 horas — respondió con sinceridad antes de encenderse un cigarrillo él también.

 

FIN

 

 

0 Comments 31 mayo, 2020

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