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el cajon de mis secretos
01 feb

El cajón de mis secretos – capítulo 4

Una semana había transcurrido desde aquel encuentro entre Adrián y Clara, durante ese tiempo ella se había encargado del paciente que el doctor le había pedido, el cual resultó ser un jugador de Rugby profesional, muy musculoso, con un rostro masculino y unos labios hechos para el pecado. Robert Lindemann, un conocido de Adrian que había desarrollado un tumor cerebral, el cual había sido completamente retirado durante su operación. El doctor había exigido reposo prolongado de su paciente y Clara se había encargado de atenderlo durante todas sus rondas. Ella lo trataba como a cualquier paciente, aunque muy en el fondo había comenzado a tener fantasías con él.

―Buenas noches, señor Lindemann ―saludó Clara amablemente entrando a comprobar signos vitales― ¿Cómo se ha sentido hoy?

―Un poco desesperado, quiera salir ya de esta cama ―aseguró el jugador de Rugby con una sonrisa.

―Una operación como la suya exige un tiempo de reposo considerable. Tenga más paciencia ―dicho esto, las manos de Clara trabajaron expertamente montando los tratamientos pertinentes y revisando al paciente en busca de cualquier signo alarmante.

Robert la miraba con concentración mientras ella evaluaba la costura en el cráneo. Los ojos de Clara se encontraron con los de él y por un breve momento se imaginó como sería tener a aquel hombre entre sus piernas mientras el doctor Adrián trabajaba su propio camino profundamente en su culo. Ella se estremeció ligeramente de placer y se retiró rápidamente, despidiéndose de su paciente.

En ese preciso momento apareció el doctor en el pasillo, luciendo un poco cansado pero igualmente apetecible, sin titubear se dirigió a Clara para saber el estado de su paciente. Ella le entregó la historia con sus anotaciones y le indicó que todo lucía muy bien, incluidos los puntos en la cabeza. Luego de asentir con la cabeza y hacer unas anotaciones en la historia, el doctor miró fijamente a su enfermera.

―Tengo un regalo para usted ―dijo el doctor sonriéndole sensualmente― me gustaría que me acompañara un momento.

Clara asintió suavemente y lo siguió por los pasillos hasta el consultorio del doctor, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Al llegar, fue ella misma la que aseguró la puerta antes de tomar asiento frente al escritorio.

―Quise hacer un aporte a su cajón de los secretos ―explicó el doctor sacando una caja de regalos del escritorio y extendiéndoselo a Clara― espero que sea de su agrado.

―Agradezco el gesto, doctor. Seguramente me gustará mucho ―aseguró Clara abriendo el paquete y encontrándose con un Shushu. Ella había visto el juguete en varias páginas y estaba planeando comprarlo pronto― ¿Quiere verme usándolo?

El doctor asintió con una sonrisa antes de señalar la camilla del consultorio. Clara se sacó el pantalón blanco y la ropa interior, ya desnuda de la cintura hacia abajo se subió a la camilla y se abrió de piernas mientras sacaba su nuevo juguete y lo encendía. Adrián se sentó justo frente a ella, inclinándose hasta quedar a centímetros de aquella vagina que ya estaba húmeda.

El primer contacto del juguete con el clítoris, hizo que Clara gimiera de placer, sintiendo que se inmediato el placer comenzaba a aumentar como agua que estaba a punto de romper en hervor. Adrián respiraba aceleradamente, afectado por el espectáculo que su enfermera estaba dándole. Y cuando Clara sintió que estaba a punto de correrse, le pidió al doctor que hundiera un par de dedos profundamente en su canal y sintiera las olas de su placer, él obedeció de inmediato y ella se corrió alredor de aquellos dedos, con un gemido agudo.

El teléfono de Adrián sonó de inmediato de pronto y él respondió malhumoradamente. Un paciente entraba de emergencia con un derrame cerebral y debía ser operado inmediatamente.

―Joder, esto no puede ser ―se quejó Adrián mirando la vagina chorreante de Clara― Debo irme, aunque me encantaría entrar ahora mismo en ti.

―Salve una vida, doctor ―dijo Clara bajando de la camilla y vistiéndose rápidamente― pero esta vez no espere tanto para venir a mí. Es aburrido esperar tanto.

Sin decir nada más, Clara guardó su regalo y salió de la oficina sin mirar atrás.

 

Continuará….

 

0 Comments 1 febrero, 2020

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