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12 mar

El cajón de mis secretos – Capítulo 7

Robert Lindemann se apoyaba frente a la puerta de Clara, ocupando todo el espacio del mirador, luciendo arrollador, sensual y peligroso mientras esperaba pacientemente que ella respondiera a la puerta.

—¿Qué hace él aquí? —se preguntó por segunda vez Clara indecisa entre abrir la puerta o hacer como que no estaba en casa.

Luego de algunos segundos de pánico se calmó y abrió la puerta luciendo una expresión un poco severa.

—Señor Lindemann, ¿Qué hace aquí? —preguntó Clara desde la puerta.

—Hola, enfermera. Vine a visitarla, decidido a pedirle una cita —habló Robert con una sonrisa endiablada que lo hacía lucir unos años menor— me dieron de baja recientemente y ya no soy su paciente, así que decidí conquistarla por fin.

—¿Cómo obtuvo mi dirección? —preguntó confundida Clara.

—Otra enfermera llamada Alicia Hernández no se resistió a mis encantos y me dio su dirección. No se enoje con ella, enfermera, por favor… —Contestó haciendo un puchero gracioso.

—Debo estar loca —suspiro Clara antes de hacerse a un lado y permitirle entrar a casa.

Cuando Robert entró, miro a su alrededor con una sonrisa agradable, aparentemente complacido con la decoración simple del lugar. De pronto se acercó un poco más a Clara y olfateó con fuerza.

—Hueles a excitación —afirmó él de pronto, mirándola intensamente y olvidándose del trato formal.

—Estaba ocupada conmigo misma antes de que me interrumpieras —explicó Clara contestando de la misma forma informal y alejándose un poco de él, negándose a sí misma sentir vergüenza por su sexualidad.

—Me gustan las mujeres que no se avergüenzan de su propio placer —Dijo Robert mirándola con una sonrisa traviesa— ¿Puedo ver tus juguetes?

—No, pero te haré un café y té permitiré quedarte mientras me preparo para salir al trabajo—Respondió ella intentando ignorar la excitación súbita que sintió al imaginarse a ese magnífico hombre tocando sus juguetes.

Dicho esto, Clara lo dejó de pie en la sala mientras entraba en la cocina y ponía el agua a hervir, se preguntó brevemente si corría peligro con ese hombre en su casa, puesto que él era claramente más fuerte, más grande, una figura imponente… Pero algo en ella le decía que nunca le haría daño, así que se decidió a confiar en su instinto. Cuando salió en busca de su enorme visitante, él no estaba en la sala.

Sintiendo las mejillas enrojecidas, caminó hacia la habitación y lo encontró acostado en la cama, mirando los juguetes con curiosidad.

—¿Qué? Deja eso —exigió Clara quitándole su vibrador Lelo para el punto G de la mano

Con un movimiento rápido, Robert la tomó del brazo y la hizo caer sobre su cuerpo fuerte y musculoso, con una mano en la cadera de ella, la mantuvo pegada a él y le susurró al oído:

—Aun puedo olerte y me estoy volviendo loco. Seré brusco y directo contigo: quiero ver cómo te corres y quiero correrme en ti. No sé si será hoy o en un año, pero si tengo una oportunidad de tener una mujer increíble como tú en mi vida, dímelo por favor —la voz de Robert sonaba ronca y sin aliento, mientras que la erección enorme que se presionaba entre las piernas de Clara denotaba lo turbado que estaba.

Ella cerró los ojos, meditando un poco sobre aquello, preguntándose qué debería hacer, ya que acaba de escapar de la cama de Adrián y no quería meter la pata. Una ondulación inconsciente de las caderas de Robert, hizo que las suyas respondieran con un movimiento profundo, tomando así la decisión.

—Voy a apagar el agua. Espero que cuando regrese estés desnudo y listo para servirme—contestó Clara— También espero que tengas preservativos y que además me compenses muy bien por lo tarde que llegaré al trabajo.

Sin esperar respuesta se levantó de la cama y caminó hasta la cocina, sintiendo las rodillas débiles y preparándose para lo que sucedería a continuación. Sabía que un hombre con la capacidad física de Robert podía llevar a cabo muchas proezas sexuales.

¿Estaría a la altura de Adrián? — no pudo evitar preguntarse Clara suspirando.

 

Continuará….

0 Comments 12 marzo, 2020

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