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tupper sex
30 nov

La reunión de tupper sex que salvó mi matrimonio.

Carlos y yo teníamos 15 años de casados. Uno pensaría que en ese tiempo había hecho todo lo que se puede hacer en el plano sexual. Casi no hacíamos el amor y me sentía más desconecta que nunca. Pero lo cierto es que no habíamos probado ni siquiera la mitad de las opciones. Y es que a pesar de la confianza, yo era un poco recatada, me daba vergüenza intentar cosas nuevas.  Eso incluía los juguetes sexuales, pues no tenía idea de cómo se lo tomaría mi esposo. Sin embargo un día, esas ideas pasadas de moda cambiaron gracias a una reunión de amigas donde invitaron a una tuppersex.

Estábamos en el apartado privado de un bar donde siempre nos reuníamos. Conocía a cada una de las mujeres ahí presentes desde el colegio y todas nos llevábamos muy bien. Pero fue María la que nos llegó con la sorpresa un jueves.

– Nunca he disfrutado tanto mi tiempo en la alcoba – aseguró María entre risas – mi marido no me deja salir de la cama. Y yo tampoco es que quiera salir.

– Pero, ¿qué es eso de TupperSex? –había preguntado con confusión.

– Es un servicio muy divertido –explicó María– viene una persona con un bolso lleno de implementos sexuales; juguetes, lubricantes y de más. Y te explica cómo funcionan. Es todo muy divertido y profesional, ya veréis.

La tupperSex en cuestión llegó unos minutos más tarde con un bolso negro muy bonito. Se presentó como Angélica y comenzó a enseñarnos lo que traía. Aquello parecía un bolso mágico, lleno de vibradores de alta potencia, algunos incluso funcionaban con una aplicación móvil. Había aceites que se calentaban con la fricción. Velas que al derretirse la cera, podía utilizarse para hacer masajes.

Simplemente había de todo. Angélica nos explicaba todo con total normalidad, ayudando a que se acabaran los tabúes. Con cada nuevo juguete sexual mi curiosidad aumentaba. Las ideas de lo que podía hacer con mi esposo se multiplicaban con cada cosa nueva que sacaba. Fue una tarde excelente, me reía hasta que me dolió la cara, gracias a las ocurrencias de las chicas. Terminé comprando un vibrador purpura muy mono y lo guardé en el bolso emocionada.

Pero sin duda lo mejor vino esa noche cuando Carlos llegó del trabajo. Se había dado una ducha rápida y cuando entró en la habitación, lo esperaba totalmente desnuda. Le enseñé el juguete con una sonrisita picara y le mostré como se usaba. Carlos estaba tan cachondo que terminamos en el suelo de la habitación follando sin parar. Nos sentimos como un par de adolescentes calientes haciéndolos a escondidas en casa de sus padres.

Aquella reunión de Tuppersex había ayudado a salvar mi matrimonio. Me sentí nuevamente conectada al hombre que amaba. Aquel día aprendí que podía disfrutar mucho más del sexo. Desde entonces, cada ciertos meses contratamos una TupperSex para que nos muestre lo nuevo del mercado. Y siempre llegó con una nueva sorpresa a casa, donde espero pacientemente que llegue mi esposo.

0 Comments 30 noviembre, 2019

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